En Cuba cada cubano es pueblo constituyente.

Por Leana Betanco

Caminar por las calles de Cuba en estos días es como chocar contra un mar de pueblo constituyente y es que toda la nación, de un extremo a otro, está enfrascada en debates y propuestas para complementar el proyecto de Reforma Constitucional que la Asamblea Nacional del Poder Popular, y un equipo de expertos constitucionalistas, depositó en manos del pueblo.

Miles de reuniones se han realizado desde el pasado 13 de agosto cuando comenzó el proceso, a nivel de barrio, en cada centro de trabajo, organización de masa, grupos de la sociedad civil organizada, centros escolares, para que cada ciudadano exprese con total libertad sus criterios sobre la propuesta.

No importa si el planteamiento coincide o no con el texto inicial, de lo que se trata es de sugerir cambios y pensar en colectivo para que el resultado final que se someterá a un referendo popular el próximo año represente los verdaderos intereses del pueblo cubano.

Por estos días en Cuba comprendí entonces que la genuina democracia existe, no se trata de un  discurso muerto en las arenas de Atenas o Roma antes de Cristo. Por estos días descubrí que el gobierno cubano, a pesar de cuanta diatriba en su contra se maneja en los medios internacionales, es de los pocos gobiernos, para no ser absolutos en el análisis, que en realidad toma en cuenta el criterio del pueblo, erigiéndolo en soberano y constituyente, mientras los grandes medios internacionales se esfuerzan por demostrar una imagen totalmente diferente de la isla.

No tengo dudas que la próxima constitución cubana será resultado de la construcción colectiva y la diversidad de criterios desde una profunda cubanía y es que en las últimas semanas cada ciudadano ha tenido la oportunidad de sugerir hasta el mínimo aporte que tribute a consolidar la Revolución, fortalecer los logros alcanzados durante los últimos años, preservar la independencia y soberanía, convirtiendo en verdad ese precepto fidelista de “cambiar todo lo que debe ser cambiado”.

Invito a todo el que tenga interés en asuntos jurídicos, o simplemente democrático-políticos, a leer el proyecto de Reforma que hoy circula en cada rincón de la isla caribeña. De la constitución aprobada en 1976 solo se mantienen 11 artículos, el resto ha quedado modificado con un enfoque novedoso, flexible, ameno y polémico en algunos puntos, atendiendo a lo avanzado de los conceptos jurídicos, instituciones y derechos que reconoce.

Esto explica el amplio debate que se ha generado a lo largo de Cuba cuando se aborda el concepto de matrimonio, la ciudadanía efectiva, o la nueva estructura del Estado y el Gobierno que se propone para hacer más funcional y moderno el aparato estatal, acorde a los tiempos actuales que vive la isla.

Llama la atención lo adelantado del ordenamiento jurídico en un país subdesarrollado, del tercer mundo y sujeto por más de 50 años a un bloqueo económico, comercial y financiero desde Estados Unidos, así como una brutal campaña para promover el robo de talentos y la política de subversión. En este ante proyecto, los legisladores cubanos han demostrado la grandeza del sistema educativo a todos los niveles y la profunda preparación del pueblo constituyente.

También llama la atención que mientras en Cuba se debaten leyes para contribuir al bienestar popular, el Congreso norteamericano discute la aprobación de iniciativas legislativas para desatar una guerra económica, desde la bandera de los organismos internacionales, contra los gobiernos de Venezuela y Nicaragua. Así de “inclusivo” es el concepto de “democracia” desde la visión occidental.

La reforma constitucional en Cuba por si sola dejó sin efectos el proyecto Cuba Decide y el resto de los programas que vienen funcionando bajo la sombrilla protectora de la NED, la USAID, el NDI, entre otras agencias del gobierno norteamericano que han acogido, formado y fomentado la labor de seudo líderes cubanos más conocidos en el mundo que en la propia Cuba.

Frente a esta dinámica de participación popular que ha caracterizado a la isla durante los años de revolución, las propuestas descabelladas de algunos disidentes cubanos como Rosa María Payá, Eliecer Ávila o Coco Fariñas, solo pueden quedar como letra vacía con un nulo respaldo popular por la obcecada y obstinada necesidad de ocupar el poder que en ellas se aprecia, quedando a un lado la preocupación por el bienestar del pueblo que debería ser la ley primera.

El llamado a cualquier desobediencia civil es un simple arrebato de inmadurez y falta de tino político de aquellos que, pagados por otras naciones, son incapaces de reconocer la consolidación del Estado Socialista de Derecho en Cuba, nunca antes mejor dicho.

La respuesta del pueblo cubano a este llamado a la desobediencia civil ha sido alta y clara, más de 100 mil reuniones para ratificar los principios que constituyen pilares inconmovibles de la Revolución cubana como la defensa a la soberanía e independencia, el respeto a la dignidad plena del hombre, la equidad y justicia social, la solidaridad, el humanismo, la prosperidad individual y colectiva, entre otros.

El llamado a la desobediencia civil no solo ha sido descartado en Cuba, sino en la comunidad internacional con la participación de miles de cubanos residentes en el exterior, a quienes el gobierno de la isla ha incluido en el proceso, dando una lección a los países “democráticos” como Estados Unidos y todos sus aliados, sobre lo que significa en realidad participación popular, inclusión, oportunidades y unidad.

El llamado a la desobediencia civil ha quedado desatendido ante las miles de voces en Cuba y en el exterior que he escuchado por estos días respaldando la irrevocabilidad del socialismo cubano, la unidad del pueblo en torno a la revolución y el papel dirigente del partido; dedicando en casi todos los escenarios un pensamiento a Fidel, líder indiscutible de esta gran obra humanista.

Acerca de ZonaFranK

No pestañeo cuando te miro, Para que te acuerdes de mi apellido. La operación Cóndor invadiendo mi nido, ¡Perdono pero nunca olvido!
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